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De Pixabay

La literatura puede llegar a ser el mejor de los aliados de un estudiante. Pero también un aguijón punzante sobre aquel que, abrumado por toda su amplitud, se ve obligado a diseccionarla e intentar abordar alguno de sus innumerables aspectos. Es lo que le ocurrió al firmante. Cuando se planteó el instante de elogiar la temática en torno a la que giraría este blog, la respuesta fue unánime: literatura. ¿Cómo no? Todos proyectos de filólogos, proyectos de periodistas. ¿Qué mejor manera de rendir tributo a nuestras dos disciplinas que aunándolas en un blog? La decisión me alivió: no cabía duda de que iba a necesitar dedicar tiempo y esfuerzo a la redacción de cada una de las entradas, pero me desembaracé del peso de la temática. Ya no sería necesario reflexionar demasiado ni escudriñar entre los rincones de la imaginación. Con la literatura como trasfondo, los temas para cada una de las entradas llegarían solos, casi por inspiración mística. Qué ingenuo fui.

Cuando aún no rebasamos la edad de diez años y entramos a una enorme tienda de chucherías repletas de estantes, de gominolas originales, de infinidad de productos que, conocidos o no, representan en su conjunto toda una atracción a  la vista y al paladar, no era infrecuente escuchar de quien nos acompañara algo como «vas a tener difícil elegir entre tanto». A algunos nos parecía una idea extravagante. A mayor cantidad, mayor abismo en el que escoger y, por tanto, superiores posibilidades de encontrar lo que más se adecuase a nuestros deseos. Pero todos sabemos cómo acababa la cosa: con nuestros abuelos o padres teniendo que arrastrarnos al exterior para evitar perder más tiempo de las seis horas y media que habíamos dedicado a vagar por el interior. Quizá no tanto. Pero lo que es seguro es que solíamos salir sin un mísero regaliz. Algo así me ha ocurrido con la literatura, que se ha convertido en uno de mis dolores de cabeza más leales durante estos meses.

Lo que apasiona, lo que inspira, quizá debe quedar en el ámbito de la inspiración. Si somos filólogos, si nos mueve una especial predilección por las letras, tal vez debemos dedicarnos a crearlas, y no a convertirlas en un tema de candente actualidad.

Alberto Esparza

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