Donostiarra, escritor de una gran producción, médico frustrado, cínico, ateo… Pío Baroja es conocido de diversas maneras, aunque se le puede definir como uno de los grandes novelistas de la Generación del 98 que no solo llegó a la cumbre en su época, sino que también en la nuestra. El pasado 30 de octubre se cumplieron 60 años desde su muerte, y sus paisanos quisieron conmemorar el aniversario con un programa lleno de actos en su honor.

Baroja era un hombre individualista e inconformista que reflejaba en sus palabras la parte más profunda del humano con una fuerza y una claridad inmensa. Tenía una gran habilidad para hablar sobre el hombre y sobre sus más intimas miserias y alegrías, todo ello, relatado a través de historias que han llegado hasta nuestras manos. El propio Antonio Machado llegó a decir esto sobre él:

«Si en este momento entrase aquí un hombre con la misión de entregar un mensaje a quien tuviera el rostro más humano de todos los circunstantes, sin ninguna vacilación se lo daría a Baroja».

Nació en 1872 en una familia liberal y amante de los libros y de la cultura en general, aunque el joven optó por estudiar Medicina, lo que le colocó como médico en Zestoa al terminar sus estudios entre Madrid y Valencia. Desde joven desarrolló un carácter arisco y rebelde, que se demostraba en su deseo de leer novelas más que en estudiar libros de texto. Es entonces cuando publicó su primer libro Vidas sombrías, antes de volverse a la gran ciudad, donde continúo escribiendo y se doctoró.

Nunca tuvo clara su vocación. De hecho, volver a Madrid le hizo retomar su amistad con antiguos compañeros y le ofreció la posibilidad de dedicarse a lo que con certeza sabía que le gustaba: escribir. Al cumplir los treinta ya era un escritor muy reconocido en el mundo literario, e incluso le hicieron un homenaje en la capital en presencia de otras grandes figuras contemporáneas como Galdós, Azorín o Valle- Inclán.

Algunas de sus obras más reconocidas son El mayorazgo de Labraz, donde recuerda su vida en Zestoa, junto a Zalacaín el Aventurero, novela situada en tierra vasca y en época de guerras carlistas. Además, esta última fue adaptada al cine con la colaboración del mismo Baroja. Esta es una de las secuencias:

 

Las inquietudes de Shanti Andía, por el contrario, recuerdan su vida en el campo y dedica sus palabras a la vida del mar y de los antepasados. Sus novelas se sitúan en un pleno realismo, siguiendo los pasos de maestros europeos como Balzac, Stendhal, de Tolstoi y Dickens.

Siempre se mantuvo en una línea anticlerical, incluso se definía a él mismo como “enemigo de la Iglesia”, además de estar en contra del Estado y de la tradición. Todas estas ideas estaban reflejadas en sus obras, lo que le llevó a pisar la cárcel al estallar la guerra en España, puesto que un carlista le reconoció y le acusó de reaccionario y contrario al tradicionalismo y a la religión. No obstante, a las pocas horas, ordenaron su libertad y no dudó en huir del país hacia Francia. De hecho, muchas de sus obras son muy críticas con la situación de guerra en la que España estaba sumida , lo que le obligó  a un exilio intermitente. Finalmente, debido al inicio de la II Guerra Mundial, no pudo quedarse en Francia y acabó instalándose en su casa de Itzea, en el País Vasco.  A partir de 1940, Pío era un hombre de 68 años que se dedicaba a escribir sus memorias. Murió el 30 de octubre de 1956, después de haber conocido a otros grandes autores como Ernest Hemingway.

Debido a su modo de vivir y pensar,  el novelista ha dejado como huella un comportamiento antisocial y una actitud triste y malhumorada, cuyo pensamiento crítico le hizo ser “un hombre incómodo” en su tiempo. Sin embargo, basta leer un libro suyo para darse cuenta del enorme conocimiento del género humano que dejó relatado. Es por ello que sus libros son lectura obligatoria en muchos de los colegios de hoy en día.

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La iniciativa “Volver a Baroja” comenzó el 23 de octubre en la capital guipuzcoana para reivindicar la figura del escritor. Entre tantos otros homenajes, el 26 se proyectó en el edificio de Tabakalera el documental “Pío- Baroja. Ver en lo que es” en colaboración con Eitb, como respuesta a la “deuda política y cultural” de Guipúzcoa con el más grande de sus artistas, según ha afirmado el diputado Denis Itxaso. Se trata de uno de los objetivos del amplio programa de actividades que conmemoran el 60º aniversario de su muerte. Itxaso ha insistido en que Baroja es uno de los representantes por excelencia del papel de los intelectuales en la sociedad de hoy: reivindicar el espíritu crítico. Resulta un enfoque difícil de trasladar a papel en la primera mitad del siglo pasado, pero el donostiarra lo hizo con clara honestidad y sinceridad, y sobre todo con el deseo de poner exponer su pensamiento.

cover225x225.jpegPor último, el ciclo de actos se cerró el 29 de octubre con una lectura pública continuada en euskera y castellano de su popular obra El árbol de la ciencia. Al homenaje asistieron algunos de los rostros más importantes del panorama vasco como Bernardo Atxaga, Luisa Etxenike y Felipe Juaristi.

 

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