El escritor ha sido, por definición, un ser incomprendido. A lo largo de la historia, su actividad se ha percibido en numerosas ocasiones como algo infructuoso e inservible: una pérdida de tiempo. Al contrario de lo que gran parte de los lectores piensan, este desprecio sistemático a la labor del escritor no es exclusiva de las sociedad que vivimos, donde se alega que una suerte de “automatismo” ha relegado al arte a la marginalidad. Aunque también. La infravaloración de la escritura se remonta a prácticamente todas las etapas de la humanidad. Incluso donde los genios de la literatura eran considerados maestros y modelos para seguir, o proporcionaban un provecho insustituible a la generación de su tiempo (como pudo ser el caso de los autores griegos o de los compositores romanos), no era la actividad literaria lo que se respetaba, sino las escasas figuras que en ella se destacaban. Personajes célebres, sí, pero que constituían excepciones a ojos de un público que continuaba viendo utópico al joven o anciano de turno que tomaba asiento y e intentaba  llegar a ser como sus admirados referentes. Pero tampoco nos engañemos: no todo el que pretende escribir logra convertirse en escritor, y ya ni hablemos de triunfar. Como tampoco todos los arquitectos consiguen igualar a Miguel Ángel ni todos los médicos a Ramón y Cajal. Pero, mientras emprender carreras como la arquitectura o la medicina se considera loable y prestigioso al margen de la notoriedad que se pueda lograr, no sucede lo mismo con quienes tratan de hacer lo propio con la literatura.

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De My Writing Book

Internet, como toda revolución, hace a la par las veces de ariete y de bálsamo. En cuanto es un reflejo y extensión de la sociedad que lo emplea, no ha dejado de ahondar en la mitología y las falsas creencias sobre lo que conlleva la carrera del escritor. Pero, del mismo modo, como también existe quien nunca está dispuesto a resignaste, las ideas destinadas a acabar con esas falacias, combaten en igualdad de condiciones.

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De Flickr

Y si hay una iniciativa, cuya expansión debe a las redes sociales, que es representación de esta resistencia humanista, es NaNoWritMo. Este programa es un reto establecido en 1999 y orientado a motivar en el autor novel el hábito y el ánimo para dedicarse a su texto, contra toda tempestad exterior. Su funcionamiento es, cuanto menos, rompedor. El interesado se registra en una página web donde debe hacer constar su nombre y el título y género de su novela (tanto si aún no la ha comenzado como si ya la tiene avanzada). El reto se pone en marcha el 1 de noviembre. Desde esa fecha, y hasta el 30, ha de de escribir un total de 50.000 palabras (unas 1600 por día), y subir el resultado a la página, dotada con un contador que va completando una barra de límite hasta llegar al tope de las 50.000. Además de un motor del talento (del NaNoWritMo han surgido novelas y autores de éxito), es una manera de obligar al escritor a escribir, de forma mecánica y sin permitirle detenerse en detalles o reformulaciones: cantidad, no calidad. Es escribir y escribir, bajo la presión de la cifra diaria: 1600. Además, el inscrito forma parte de una comunidad de más participantes sometidos a igual presión, y que cada jornada envían innumerables muestras de apoyo y aliento. Al frenar la minuciosidad, el inscrito se ve obligado a escribir, escribir y escribir sin pausa (sobre una idea preconcebida de antemano, por supuesto). Una vez terminado el reto (el 30 de noviembre), todo ese material (que seguro que será desordenado, errático y poco preciso) ya constituye un punto de partida sobre el que después construir una novela. En muchos casos, desempeñado en soledad y con la sola compañía del teclado, el proceso se interrumpiría, y el aspirante renegaría de su merecido sueño de convertirse en escritor. En cambio, la regularidad que impone NaNoWritMo y, sobre todo, el amparo que se recibe de la comunidad, garantizan una perseverancia que es base de el éxito. En definitiva, escribir para seguir escribiendo, ¿no es apasionante?

No demos todo por acabado. Allá donde un noble arte esté a punto de extinguirse, habrá quien no perderá un instante en intentar avivarlo. Y, en esa heroicidad, el más curtido es NaNoWritMo. Aún hay raudales de esperanza que se aferran a la vida.

Alberto Esparza Hueto

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