Federico García Lorca es uno de los mayores representantes de la literatura hispana,  y sus obras de teatro las más importantes dentro de este género en la primera mitad del siglo XX. Su legado litetario es una de las mayores joyas de la cultura española y Lorca supone uno de los mayores referentes en cuanto a poesía y teatro se refiere.

La figura de la mujer supone una de las piezas claves en el teatro lorquiano. Sin embargo, a pesar de la gran importancia de los personajes femeninos en sus obras dramáticas, las mujeres de estas historias no se presentan como seres opuestos a los personajes masculinos, sino como portavoces de toda la raza humana.

Las obras teatrales de Lorca destacan a su vez por su tono trágico, por la sucesión de hechos terribles que desembocan en un final amargo en el cual la mujer se encuentra en el extremo, desesperada, dando fomra y voz a toda una España que vive la misma situación, una sociedad decadente en un panorama político delicado.

De entre todas sus obras teatrales tres destacan por ser el culmen de la producción del artista: Yerma, Bodas de Sangre y La Casa de Bernarda Alba son las obras en las cuales  el ser humano se representa en diferentes perfiles de mujer:

Muerte abrasadora: BODAS DE SANGRE (1931)

 

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En esta obra se nos presenta una madre maltratada por la vida, que ha perdido a su hijo y su marido (y que predice la muerte de su segundo hijo), todo debido a conflictos familiares. Una mujer que vive con un miedo constante a la muerte.

Por otro lado nos encontramos a la Novia , una muchacha que aborrece la tierra seca en la que debe casarse con el Novio (hijo de la Madre). Siente que el calor del pueblo la mata por dentro, pero las llamas también serán despertadas por la pasión de reencontrarse con su amante Leonardo, con el cual se escapará. El prometido de la joven irá en su busca, y las conflicto de sangre traerán de nuevo la desgracia a todas las familias.

Esta obra de teatro se ha llevado no hace mucho a la gran pantalla con la película La Novia (2015), bajo la dirección de Paula Ortiz y con Inma Cuesta en el reparto principal.

 

Anhelo constante: YERMA (1934)

No hay otra cosa que Yerma desee más que un hijo, y no hay otra cosa que le pida a su marido, a la cual él no presta atención alguna, pues no deposita su amor en su mujer sino en el campo, la tierra y el trabajo.
Por tanto, Yerma vive frustrada, ya que ella no es estéril, y probablemente sea su marido quien no es fecundo. Sin embargo, ella no concibe la idea de tener un hijo con otro hombre que no sea su marido, a pesar de odiarlo, y se desata dentro de ella una batalla: ¿Ser una esposa fiel y pasar el resto de sus días anhelando un hijo? ¿O ser una mala esposa pero así poder cumplir su sueño (y sentirse realizada como mujer en una sociedad que le impone tener hijos)?

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La presión y las exigencias de una sociedad férrea y rígida, sumado a la incapacidad de Yerma de dar lo que se espera de ella y ver sus sueños cumplidos, empujarán a este personaje al borde de la desesperación: y su decisión final será tan desgarradora como su lucha interior.

Yerma se estrenó el 29 de diciembre de 1934 en el Teatro Español de Madrid, con Margaria Xirgú como protagonista.

Mujer fuerte contra mujer débil: LA CASA DE BERNARDA ALBA (1936)

Con la muerte de su marido, Bernarda Alba se hace con todo el poder dentro de su casa, e impone un riguroso luto de ocho años a todas sus hijas. Cada una de ella representa una faceta del ser humano: lo noble, la envidia, la prudencia, la tristeza… Todas elcasa-de-bernardalas condenadas a vivir un infierno de ochos años con una madre tirana, totalitaria, que impone su criterio y su forma de vida pero que, tras su actitud violenta y opresiva, se esconde un miedo insuperable al “qué dirán”, al perder la dignidad de su casa.

Solo algo puede salvarlas a todas de ellas de su madre: Pepe el Romano, el prometido de la mayor de las hermanas por el cual todas co
mpetirán, y olvidarán sus vínculos fraternos; ignorarán que, una vez perdida la unión, será imposible derrocar a su madre.

Esta obra fue escrita en 1936, pero su estreno (en Buenos Aires) y su publicación fueron en 1945, de nuevo con Margarita Xirgu como una de las protagonistas.

 

En definitiva, Lorca supo dignificar a la mujer, darle una voz, un grito dentro de un mundo de hombres, y, a su vez, elevarla hasta el punto de ser, cualquiera de sus personajes femeninos, una representación de la esencia del ser humano. Es indudable, por lo tanto, que el legado de Federico García Lorca es de un alto valor, no solo en el ámbito literario, sino en todos los ámbitos de la vida.

Alberto Vidaurreta. 

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